La (r)evolución hacia el turismo sostenible es inevitable. Las últimas estimaciones muestran que el turismo crecerá un 6% anual y, considerando que es responsable del 12% de las emisiones globales de CO2, no tenemos otra opción. Tenemos que cambiar nuestra forma de operar. Y aunque es casi imposible ser 100% sostenible, hay mucho que podemos hacer para reducir nuestro impacto ambiental. Es fundamental comprender primero qué es el turismo sostenible. Este considera los impactos económicos, sociales y ambientales actuales y futuros, satisfaciendo las necesidades de los visitantes, la industria, el medio ambiente y las comunidades anfitrionas. Ponerlo en práctica es más fácil de lo que creemos. Aquí hay algunas cosas que, como agentes de viajes, podemos intentar implementar:

  • Alojamiento:Utilizar hoteles de propiedad local que sean respetuosos con el medio ambiente y que tengan alimentos producidos localmente en su menú.
  • Destino: desarrollar nuevos destinos/productos en zonas que no estén ya masificadas y en regiones que promuevan un turismo respetuoso con el medio ambiente a través del ciclismo, el senderismo, la observación de aves y otras actividades que estén en armonía con el entorno natural
  • Logística de transporte:Diseñe su producto de tal manera que se pueda llegar al punto de inicio de las vacaciones en transporte público.
  • Devolver:integra en tu itinerario, o invierte parte de tu margen de beneficio, en proyectos de conservación de la naturaleza en la región de tu producto.
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Volviendo al título de este artículo, los humedales son los hábitats más importantes debido a su biodiversidad y vulnerabilidad. Su protección debería ser parte integral del turismo sostenible, como lo demuestra la Reserva Natural de los Aiguamolls, que, en mi opinión, es uno de los primeros casos de turismo sostenible en España y un gran ejemplo de cómo muy pocas personas, pero muy decididas, pueden marcar una gran diferencia.

En los años 60, la industria turística en España experimentó un auge explosivo. Se construían enormes complejos turísticos sin tener en cuenta el impacto ambiental. Pero en 1978, en la bahía de Roses, donde se encuentran los Aiguamolls, el desarrollo desenfrenado de estos complejos provocó protestas contra la destrucción de estos humedales. Con el ambientalista Jordi Sargatal como héroe anónimo y líder, un grupo de jóvenes locales logró frenar la expansión inmobiliaria y se creó la reserva natural de los Aiguamolls. Gracias a un pequeño grupo de personas que se pusieron literalmente delante de los camiones hormigonera, aún podemos disfrutar de la belleza natural de los Aiguamolls mientras paseamos por la Costa Brava.

Como agentes de viajes, ahora es nuestro deber colaborar en la conservación de nuestro patrimonio natural y cultural. En el caso de los Aiguamolls, en particular, existen varias maneras de colaborar:

  • Planifique una visita guiada para sus clientes. Cuanto más sepan sobre la reserva natural, mayor será su comprensión, lo que se traducirá en una nueva apreciación del mundo natural.
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  • Describe la historia y la importancia de la reserva natural en tu itinerario. Te sorprendería saber cuánta gente desconoce estos humedales y cuánto valoran tener más conocimiento, e incluso elegirían este destino por su existencia.
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  • Infórmate sobre sus últimos proyectos: Por ejemplo, el Proyecto Coracia: un proyecto de investigación que trabaja por la conservación y el desarrollo de la carraca europea (Coracias garrulus) en Cataluña.
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  • Para más información sobre la Reserva Natural: https://castelloempuriabrava.com/en/que-visitar/parc-natural-dels-aiguamolls-de-lemporda/

¡Todos podemos hacer la diferencia!